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My Method Actor, Tercer disco de Nilüfer Yanya

Updated: May 20, 2025

My Method Actor, Nilüfer Yanya: canciones como cicatrices en papel fotográfico


Fue un sonido seco, sin adornos. Acústico pero con filo. Crudo pero cálido. Un eco a medio camino entre un cuarto vacío y una carretera mojada. Así sonó Nilüfer Yanya la primera vez que la escuché.Y entonces llegó Like I Say (I Run Away), una de esas canciones que te persiguen aunque tú jures estar escapando. La puse en repeat. Y luego me rendí.


Tiene 29 años, es londinense de ascendencia turca y parece haber nacido en ese punto exacto donde se cruzan la melancolía y la elegancia. Acaba de soltar My Method Actor, su tercer disco. Un álbum que no solo se escucha: se habita. Tuvimos la suerte de charlar con ella, y fue como hablar con alguien que camina sobre la cuerda floja de la industria sin mirar abajo. Ni pedir red.


Nos contó que las canciones llegaron como lo hacen las buenas heridas: sin aviso. Componer se volvió una forma de reconciliarse con la idea de ser artista a tiempo completo. Vivir de esto. Respirar esto. Soplar sobre el fuego sin quemarse.


En My Method Actor, Nilüfer se inventó un refugio sonoro. Un laboratorio emocional donde no hay reglas ni fórmulas. Solo exploración. Solo verdad. La lírica no intenta explicarte el mundo: lo observa, lo absorbe y lo devuelve convertido en poesía sin coraza. Canciones sin permiso. Arte sin concesiones.


El disco tiene sangre familiar también. Su hermana, Molly Daniel, ha sido la cómplice visual desde siempre. Directora creativa, fotógrafa, ojo agudo y cómplice de todas las imágenes que acompañan su música. La portada del disco —planeada con precisión quirúrgica para parecer espontánea— busca capturar ese instante invisible, ese segundo antes de subir al escenario. Un momento entre la calma y la tormenta. Como su música.


Pero las hermanas Yanya no solo construyen belleza. También construyen comunidad. Juntas fundaron Artists In Transit, un proyecto que lleva talleres creativos a personas desplazadas, a quienes han perdido casi todo, menos la capacidad de imaginar.


Como si no fuera suficiente, el vinilo nuevo viene con una litografía hecha por Nilüfer. No es marketing, es memoria. Desde niña, hacía grabados con sus padres —ambos artistas visuales— y ese gesto artesanal sobrevive en su obra como una cicatriz noble.


Nilüfer Yanya no está aquí para encajar. Está para abrir grietas.


Y si todo va como sospechamos, su música va a quedarse con nosotros mucho tiempo. Porque no suena a fórmula. Suena a alguien intentando entender el mundo desde adentro, con guitarra en mano y el corazón expuesto como un negativo de 35 mm.


Y eso, en estos tiempos de algoritmos, ya es bastante milagro.




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